Moría de ansias de llegar, me resultaba extraño pensar que en cuestión de horas iba a arribar a una de las ciudades más modernas del mundo. Fue una especie de sueño, no podía despertar. No quería hacerlo. Quería que dure para siempre.

Por Virginia Lemos.

sydney opera house

Sobrevolamos la ciudad en busca de la pista de aterrizaje y ver el paisaje desde el cielo  me dejó sin palabras. Es emocionante ver el Opera House y el Harbour Bridge desde otra perspectiva, y más emocionante es cuando terminás de hacer todos los trámites para poder salir a la gran ciudad.

La decisión de que fuese Australia, fue simple y fácil. Este país les otorga una Visa a aquellos que estén interesados en trabajar y conocer los distintos paisajes que ofrece. Obtener la Visa de trabajo y vacaciones o Work & Holiday –como es comúnmente llamada- resulta sencillo para aquellos que tienen el pasaporte europeo, exceptuando los que cuentan con ciudadanía española ya que no hay convenio entre ambos países. Los pasos que hay que seguir son sencillos y es aprobada a las pocas horas de haberla solicitado. En cambio, con el pasaporte argentino, hay que cumplir una serie de requisitos y la aprobación de la Visa tarda aproximadamente un mes.

La primera impresión fue deslumbrante. Me dirigí hacia el hostel en subte, ya era bastante tarde y no había casi nadie. Miraba por la ventanilla con una emoción tan grande que apenas la podía reflejar en una enorme sonrisa. El tren se encontraba bastante limpio, era muy cómodo y mucho más moderno de aquellos que yo conocía.

Terminó mi recorrido y tuve que caminar dos cuadras hasta llegar a mi destino. Mientras tanto llovía. Parecía una película, todo transcurría en cámara lenta. Iba caminando y veía decenas de extranjeros volviendo de los bares o tomando cerveza en las puertas de sus casas, cantando y gritando. El hostel estaba lleno de italianos, alemanes y franceses. La mayoría de ellos estaba terminando de cenar y el resto estaba esperando que se desocupe la mesa para poder comer.

Esa misma noche, una vez que me instalé en mi habitación, esperé que llegara mi compañero, que ya estaba en Sydney hacía un mes. Pasó a buscarme y fuimos a dar un paseo nocturno. La visión de la ciudad es totalmente diferente cuando la ves a oscuras.

Recorrí la bahía de Woolloomooloo, donde se encuentran lujosos bares y hoteles. Subimos una eterna escalera donde arriba nos esperaba un inmenso parque y un poco más adelante, el famoso Jardín Botánico. Mientras lo atravesábamos, iba mirando hacía todos lados por miedo a que me robaran. Juan me dijo que no era necesario, que en Sydney “hasta los ladrones duermen de noche”. Cuando llegué al Opera House, no podía creer lo que estaba viendo. Después de tantos años de verlo por la televisión, por fin lo estaba viendo con mis propios ojos.

sydney noche

Nos quedamos un largo rato viendo la ópera y el puente totalmente iluminado. Regresamos por otro camino, por el CBD (el centro de la ciudad) y me llamó la atención ver que en un país del primer mundo también haya gente durmiendo en las calles. Decenas de personas desparramadas en diferentes esquinas.

Ya habiendo conocido el impactante centro de la ciudad, donde se encuentran las importantes casas de diseñadores como Gucci, Hermes o Prada, no me dejaba de sorprender por esos edificios tan altos y espejados. Es una ciudad realmente impactante y cambia su aspecto a medida que vas conociendo los barrios, que puede pasar de un barrio veraniego de la playa a un barrio estilo británico o un lujoso barrio residencial.

Había decidido tomarme una semana de vacaciones antes de emprender la búsqueda de trabajo y durante esos días fui decidida a conocer las hermosas playas de la ciudad, Bondi Beach, por ejemplo, a donde se puede llegar en colectivo y en subte, mientras que para ir a Manly Beach tenés que cruzar en ferry. Las playas estaban realmente muy tranquilas porque la temporada no había empezado, pero aun así  se veía gente tomando sol y surfers en el mar.

sydeney bondi beach

Buscar trabajo siempre es estresante, pero cuando comenzás a buscar siempre empezás por aquellos empleos en los que hay más ofertas. Durante varios días recorrí la ciudad, entraba a cada local o restaurant pidiendo hablar con el encargado. Pero recién tuve suerte cuando encontré un aviso por internet para trabajar como ayudante de cocina en un restó de comida tailandesa.

Cuando me presenté a la entrevista, tuve una mezcla de sensaciones, estaba entre largarme a reir o llorar o irme corriendo de ese lugar. Pero me aguanté y la entrevista fue bastante buena. Pensé que no iba a entender nada y sin embargo mi inglés fue bastante fluido. Quedaron conformes conmigo y me dijeron que vaya al día siguiente para una prueba. El restaurant quedaba en el centro, al lado de la catedral y cerca de mi hostel.

Me presenté al otro día y fue realmente muy agradable. En la cocina eran todos provenientes de Asia, ya sea de Tailandia, Indonesia o China. Fueron muy amables conmigo.

Trabajé en el restaurant durante seis días a la semana, seis horas. Era muy tranquilo y mis compañeros de lo mejor. La paga era muy buena, ganaba cerca de 80 dólares australianos al día. Podría haber buscado un trabajo a la mañana y haberme llevado un poco más de dinero, pero honestamente prefería estar en la playa.

Con lo que ganaba me alcanzaba para vivir y darme algunos lujos. Estuve en Sydney hasta que decidí volver a Rosario. Fue una experiencia única y si la pudiese repetir la haría sin dudar otra vez. Quedé enamorada de Sydney, de su calidad de vida, de la gente que conocí y de su paisaje. Sé que en unos años voy a volver y voy a ser tan feliz como esa vez que emprendí ese viaje tan hermoso.