El deporte es salud…sí. Pero no siempre. Los deportes de alto rendimiento combinados con espectaculares negocios pueden convertirse en todo lo contrario, una amenaza para la integridad física. ¿Hasta dónde es saludable?

En cualquier plan para una vida saludable el deporte es, si no la primera, la segunda gran recomendación. El problema aparece cuando el deporte se convierte en el factor inicial de una ecuación explosiva:

RENDIMIENTO DEPORTIVO + BUEN MARKETING + ÉXITO: BUEN NEGOCIO.

En el mercado del deporte profesional no se compran figuras a largo plazo; las inversiones son ahora, y las regalías también.

Los casos de deportistas que privilegiaron su buen momento sin pensar en las consecuencias a futuro son numerosos. Por poner un ejemplo: Gabriel Batistuta no se quedó con las ganas de ser el “Batigol”; con lo que sí se quedó es con un daño irreversible en sus rodillas que hoy le impide realizar muchas actividades que creemos normales para una persona de su edad, que además fue deportista prácticamente toda su vida, es decir, que se supone que ha invertido en salud. En aquél, “su momento”, el éxito lo puso entre la solución rápida y la pared. Y el resto es historia conocida.

Sólo por venir más acá en el tiempo, se pueden observar las cada vez más frecuentes versiones que vaticinan un pronto retiro de Rafa Nadal del tenis por sus contantes lesiones y el resentimiento que acumulan sus rodillas.

En fin, claro está que el deporte profesional exige mayores esfuerzos, mayor disciplina y un desarrollo de las destrezas que hagan la diferencia. Pero el mercado en el que el deporte se ha convertido en gran parte de los casos exige más, exige correr el límite siempre más allá, a veces a costas de las propias posibilidades físicas. Y, estando embarcados en el éxito, el dinero y hasta la fama, resulta difícil muchas veces tomar decisiones distantes y prudentes.

El deporte es salud. Sí, claro. Y el éxito es negocio.

Por Lucía Lalli