La Mujer Según Martín Fierro

Yo he conocido esta tierra/ en que el paisano vivía / y su ranchito tenía / y sus hijos y mujer…/era una delicia el ver / cómo pasaba sus días. …/y sentao junto al jogón / a esperar que venga el día /al cimarrón le prendía / hasta ponerse rechoncho /mientras su china dormía / tapadita con su poncho.”

En este relato podemos diferenciar dos tiempos: el tiempo del relato y el tiempo de la historia, un “otro tiempo”, ubicado en un pasado añorado e irrecuperable, cuando el gaucho vivía en paz y armonía y un “después”, que es el tiempo de pérdida y aflicción.

Fierro canta: “Tuve en mi pago en un tiempo/ Hijos, hacienda, y mujer / Pero empecé a padecer /Me echaron a la frontera / ¡Y qué iba hallar al volver! /Tan sólo hallé la tapera.”

Es interesante notar cómo se ubica a la mujer en último término. Primero están los hijos y la hacienda. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar que “mujer” rima con “padecer” y “volver” y que ambos procesos son una síntesis de la desdicha del gaucho. A partir de este momento el tono de lamento es una constante en el canto del gaucho.

Martín Fierro comprende y justifica a su china; siente compasión y benevolencia. No la juzga ni la condena. Por el contrario, pide protección a Dios. Se habla de la mujer como una posesión más, como un bien ganado, al que hay que cuidar y defender pues es débil, indefensa y debe estar siempre bajo la protección del gaucho.

La Mujer Según Cruz

Cruz, amigo de Martín Fierro, también tuvo un pasado feliz con su china. La idea que prevalece es de unión y de un profundo amor:

“Yo también tuve una pilcha / Que me enllenó el corazón- / Y si en aquella ocasión /Alguien me hubiera buscao- /Siguro que me había hallao / Más prendido que un botón.”

Para Cruz hay dos tipos de mujeres: “la calavera” o “la mejor compañera”. Al hablar de su “prenda”, recuerda con alegría los momentos vividos. La mujer adquiere una grandeza incomparable:

Era el águila que a un árbol / Dende las nubes bajó / Era más linda que el alba / Cuando vá rayando el sol / Era la flor deliciosa / Que entre el trevolar nació.”

En este canto, el paralelismo se une a dos metáforas ( Era la águila / Era la flor) y una comparación (Era más linda que el alba); es una mujer única. Sin embargo, todo este sentimiento se desvanece cuando Cruz se entera que su china recibía halagos por parte del “Comendante”. Desde ese momento, cambia radicalmente la selección de términos lexicales para referirse a ella. Podríamos decir que en Cruz hay un antes y un después; hay dos discursos opuestos. Veamos en la siguiente estrofa cómo, aquella mujer llamada águila, es representada, ahora, como gallina:

No me gusta que otro gallo / Le cacarée a mi gallina- / Yo andaba ya con la espina /Hasta que en una ocasión / Lo sorprendí junto al jogón / Abrazándome a la china.”

Como consecuencia de este hecho, Cruz pierde confianza en todas las mujeres.

Podríamos inferir que cada uno de los protagonistas representa a su mujer de maneras diferentes: ante la situación de pérdida, Fierro la comprende y la perdona; mientras que Cruz la condena y, en ella, condena a todas las mujeres. En ambos casos, el tono de representación es de lamento por el bien perdido y la forma del discurso es la nostalgia. Son dos gauchos diferentes pero unidos – “amputados” de su felicidad.

Lic. Graciela Rolando

El presente artículo ha sido publicado
en la revista digital del Instituto Politécnico Superior: “Policultural”