Un ensayo de Victoria Lescano, periodista especializada en moda, que da cuenta de los personajes de la literatura argentina y sus modos de vestir

Por Rosario Spina.

La trama de las letras

Quien piensa a la moda desvinculada del arte no hace sino reducir la potencia de dos disciplinas que a veces van muy bien de la mano, como puede leerse en LETRAS HILVANADAS (Editorial MARDULCE). El libro recorre los modos de vestirse de diferentes personajes de la literatura argentina. La periodista Victoria Lescano lo propone como contrapunto al vertiginoso ritmo de los modos actuales de comunicar moda.

El recorte en la elección de las obras y personajes analizados es, según su autora, personal y deliberadamente no cronológico. El primer capítulo del libro se abre con el fragmento de una carta de Roberto Arlt a su hija: “Querida Mirtita, aquí te mando un pedazo de media, se puede lavar con agua caliente y durarán un año, si le pones un papel verás que se puede leer a través de ella” relata en 1942 el autor de Los siete locos quien además de la escritura, se obsesiona con crear unas medias cuya trama resista el paso del tiempo y el uso sin rasgarse. “Con iguales dosis de astucia porteña —puede leerse en el primer capítulo del ensayo— Arlt se anticipó a los experimentos que transcurrían en diversos laboratorios textiles de los Estados Unidos”.

Es en este mismo capítulo donde se habla de una experiencia de moda y travestismo, algo absolutamente inusual para la literatura de la época y a lo que también Arlt se anticipa. Un compañero de habitación de Silvio Astier, el protagonista de El juguete rabioso, viste “irreprochablemente y desde el rígido cuello almidonado, hasta los botines de charol con polainas color crema y el sobretodo con forro de seda”. Este mismo personaje anticipa además los preceptos del punk y de la cultura grunge cuando Silvio Astier le pregunta si acaso sus galas no estaban sucias, a lo que él responde: “Está de moda. A muchos les gusta la ropa sucia”

Los coolhunters de Puig

El autor de Boquitas pintadas era un devoto de la moda. Profesó su pasión por las vestimentas del cine clásico y ya desde su General Villegas natal supo alimentar también sus otras dos pasiones: el cine y la literatura. Para estar a tono con las tendencias, Puig tenía corresponsales y collhunters: amigos y conocidos que desde diferentes lugares del mundo grababan en VHS films que lo actualizaban sobre las estrellas y sus prendas.

Por supuesto, también ellas

Silvina Bullrich, Hebe Uhart, Sara Gallardo y las hermanas Ocampo forman parte del cuerpo de autoras elegidas por Lescano para bocetar la trama de la moda en la literatura argentina. En el capítulo de las Ocampo, en un extracto de la autobiografía de Victoria, se lee: “En esos años yo no iba a bailes y me contentaba con verla a mi madre vestida de baile (trajes llegados de París) y al decir esto no digo toda la verdad pues iba más lejos mi participación en estas festividades. Mi madre tenía una especie de placard muy grande para guardar su ropa. Era como un cuartito. Y ahí, cuando encontraba un momento oportuno, me probaba sus trajes y hasta me atrevía a salir del escondite con ellos puestos, para mirarme al espejo ¡No había traje que no pasara por esta peligrosa aventura (sin contar los sombreros y los velos)!”.

También pueden leerse historias relacionadas con Juan Bautista Alberdi, César Aira y Lucio V. Mansilla. Letras Hilvanadas se propone como un registro de “modismos, tonos, texturas y prendas documentadas en la narrativa argentina y también en publicaciones culturales”. A través del trazo personalísimo de su escritura, Lescano combina acertadamente significados compartidos en dos disciplinas: tramar, trazar, delinear, en estrecha referencia al trabajo sobre la tela y también, al mimo momento, al oficio de las palabras.