¿De qué hablamos cuando hablamos de los derechos de la mujer?  ¿Tenemos derechos? ¿Cuáles son? ¿Conocemos nuestros derechos? ¿Cómo surgieron? ¿Quiénes lucharon para que fueran reconocidos?

En nuestra sociedad las mujeres siempre fuimos ubicadas detrás “de un gran hombre”. Pero, ¿Por qué detrás? ¿Es una cuestión cultural?  ¿Una imposición social?

Por Alejandra Ojeda Garnero

Ilustración: Virginia Torrano

Los mismos derechos

Desde tiempos remotos fuimos consideradas el sexo débil, desde niñas nos enseñaron “todo lo que debe aprender una mujer” y fuimos educadas para ser hijas, madres, esposas, amas de casa. La imagen de la mujer fue concebida inexorablemente ligada a la de un hombre que debía responsabilizarse de ella y su conducta.

Afortunadamente en la actualidad hemos ganado terreno, la sociedad ha evolucionado culturalmente y las mujeres vamos tomando  roles cada vez más protagónicos.

La discusión sobre los derechos de la mujer surge a partir de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, texto fundamental de la Revolución Francesa, el cual no incluía a la mujer en ninguno de sus puntos.

Siempre hubieron mujeres precursoras y transgresoras en todos los tiempos, mujeres que rompieron con los estereotipos de mujer de su época y dieron el puntapié inicial para modificar el orden establecido en distintos aspectos.

Fue así como Olympe de Gouges en 1791 y parafraseando la Declaración de los derechos del Hombre redactó La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana convirtiendo ese texto en uno de los primeros documentos históricos que propone la emancipación femenina en el sentido de la igualdad de derechos o la equiparación jurídica y legal de las mujeres.

Olympe de Gouges nació en Montauban (Francia) en 1748 en el seno de  una familia burguesa.  Se casó en 1765 con un hombre mayor con el que no fue feliz, tuvo un hijo y al poco tiempo enviudó. A partir de su experiencia calificó al matrimonio como la  “tumba de la confianza y del amor” y nunca volvió a casarse.

 Su pensamiento fue profundamente feminista  y revolucionario. Defendió la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los aspectos de la vida pública y privada, incluyendo la igualdad con el hombre en el derecho al voto, el acceso al trabajo público, a hablar en público de temas políticos, a acceder a la vida política, a poseer y controlar propiedades, a formar parte del ejército; incluso a la igualdad fiscal así como el derecho a la educación y a la igualdad de poder en el ámbito familiar y eclesiástico.

Luego de analizar los reclamos de Gouges queda más que claro que las mujeres de aquella época tenían más prohibiciones que derechos.

Además realizó propuestas sobre la supresión del matrimonio y la instauración del divorcio, la idea de un contrato anual renovable firmado entre  los concubinos y militó por el reconocimiento paterno de los niños nacidos fuera del matrimonio.

La “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” constituye en sí misma un manifiesto impecable en favor de las reivindicaciones femeninas y una genuina proclama de la universalización de los Derechos Humanos.

A lo largo de la historia, en la mayoría de las culturas, la mujer ha sido sometida a estructuras patriarcales que nos han negado los derechos humanos más fundamentales. Las leyes antiguas y los sistemas tradicionales han causado la dependencia de la mujer de forma semejante a la esclavitud.

En todos los tiempos la mujer fue considerada inferior al hombre, lo cual no significa que esta sea una verdad revelada y mucho menos absoluta. Todo lo contrario, existen hechos indiscutibles que demuestran que las mujeres somos fuertes, valientes y militantes de la vida. Basta con mencionar a mujeres de nuestra historia que lucharon además por la igualdad como Juana Azurduy, María Sanchez de ThompsonAlicia Moreau de Justo, Virginia Bolten por mencionar sólo algunas.

Sí, nuestro género, sin dudas es el más fuerte, soportamos todos los contratiempos, salimos adelante siempre, luchamos ante todas las adversidades, renacemos todo el tiempo.

Desde la prehistoria, las mujeres, como los varones, han asumido un papel cultural particular claramente diferenciado. En las sociedades de caza y recolección, las mujeres eran las que recogían los productos vegetales, mientras que los varones suministraban la carne mediante la caza. A causa de su conocimiento profundo de la flora, la mayor parte de los antropólogos creen que fueron las mujeres quienes condujeron las sociedades antiguas hacia el Neolítico y se convirtieron en las primeras agricultoras.

En la Edad Media, la conducta femenina fue pautada para cada momento y situación de la vida. Casi siempre la edad corresponde a un estado civil y a una función de acuerdo a ella. El papel más importante atribuido a la mujer era el de esposa y madre.

En la historia reciente, el rol de las mujeres en la sociedad ha cambiado considerablemente. La burguesía trajo consigo una nueva concepción de la familia donde la mujer desempeñaba un papel restringido al hogar. Hasta ese momento la mujer había participado, aunque de manera  distinta al hombre, en trabajos para la supervivencia familiar fuera de la casa. Las funciones sociales tradicionales de las mujeres de la clase media consistían en las tareas domésticas, el cuidado de los niños, y no era común acceder a un trabajo remunerado.

Hoy la situación cambió radicalmente, las piezas se van acomodando y las mujeres logramos equipararnos en distintos aspectos; ya no sólo nos dedicamos ser buenas esposas y madres, también ocupamos puestos de trabajo de mayor jerarquía y de decisión en distintos ámbitos y realizamos actividades que en otros momentos de la historia sólo estaban reservadas para los hombres.

En los últimos tiempos se han profundizado medidas que amplían los derechos de las mujeres. Nuestro país es parte del Comité para la Eliminación de la Discriminación para la mujer de Naciones Unidas lo cual ha generado tomar una serie de medidas legislativas específicas por parte del Estado Nacional para mejorar la condición jurídica y social de las mujeres.

El acceso a la educación es fundamental: en otros tiempos las mujeres no tenían derecho de acceder a la educación formal, apenas terminaban la escuela primaria debían quedarse en sus casas realizando las tareas del hogar. Hoy tenemos la posibilidad de acceder a carreras universitarias lo cual nos brinda herramientas específicas para superarnos cada día. Por supuesto que el cambio en la estructura de la sociedad y los nuevos paradigmas hicieron posible la inclusión de la mujer en distintos ámbitos.

La condición natural de la mujer es la lucha incansable por lograr sus sueños, hoy nuestro desafío es seguir abriendo puertas, seguir conquistando espacios para superarnos día a día, derribando las barreras culturales y sociales para lograr la igualdad.

Todo depende de nosotras.