Hace unos días estaba en la sala de espera de un consultorio, más específicamente de la ginecóloga, éramos todas mujeres, alrededor de siete u ocho. Mientras esperábamos nuestros respectivos turnos, cada una de nosotras amenizaba la espera de diferentes maneras: revistas, celular, algunas estudiaban apuntes y otras simplemente esperaban. De fondo se escuchaba el sonido del televisor que de a ratos mirábamos.

Por Carolina Raduan.

VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

Pasaba el tiempo y entre noticia y noticia, aparece un titular que decía “Encuentran muerta a una mujer que era buscada en Saladillo”. En ese momento todas, absolutamente todas, miramos el televisor, nos miramos entre nosotras, suspiramos, algunas hicieron un gesto de espanto, de negación. Aparentemente habían caratulado la causa como “muerte violenta”.

Quienes nos encontrábamos ahí, mujeres de todas las edades, nos quedamos suspendidas por un segundo sin retomar lo que estábamos haciendo. Era otra más, otra de nosotras, una nueva víctima de violencia, de esta violencia a la que las mujeres nos encontramos expuestas sin importar edad, religión, condición social o estado civil. Esta violencia que aumenta día a día simplemente porque somos mujeres, porque alguien dijo que somos el “sexo débil” y, claro, para un violento no hay mejor víctima que esta.

En esa sala de espera creo que todas pensamos lo mismo, por un instante supimos que cualquiera de nosotras podía ser víctima de esta violencia, yendo al súper, esperando un colectivo, caminando, buscando un taxi. La única condición es ser mujer. No tuvieron que hacer nada, simplemente nacer mujer, para muchos, una cosa que cumple la función de satisfacer al hombre de todo tipo de necesidades.

Hay diferentes tipos y grados de violencia, seguramente cuestiones como la educación y la psicología de cada uno influyen; no todos los hombres son violentos, no todos los hombres golpean, violan y matan. Quienes lo hacen están enfermos. Pero, ¿quién nos defiende a las mujeres de los violentos en la calle, de los perversos, de los violadores? Están tan instaladas en la sociedad frases como “No te vuelvas sola”, “Que te esperen hasta que entres”, “No vas a ir sola a ese lugar”, “Un hombre se puede defender pero vos no”… ¿Por qué nos educaron a las mujeres en el miedo, en la desigualdad? ¿Por qué tenemos que andar con “cuatro ojos” por la calle? ¿Por qué hay determinados lugares u horarios que son peligrosos para nosotras? Estas son algunas de las tantas preguntas que surgen cuando vemos que todas podemos aparecer en una zanja.

Ojalá algún día nuestra sociedad logre educar diferente, ojalá se les deje de inculcar a los hombres que ellos son los fuertes, los poderosos, que ellos si quieren, pueden. Porque, si de “sexo débil” hablamos, no hay mayor acto de debilidad que la violencia, el maltrato y el hostigamiento. La base es la educación, pero esa educación en la que no hay un discurso sexista, en la que se les otorga los mismos beneficios a las hijas mujeres y a los varones, esa educación que cambia la cabeza, que le haga dejar de creer al hijo varón que tiene que cuidar a su hermana porque es mujer, debería cuidarla porque hay afecto, porque es su familia.

Hay una gran necesidad de que esto cambie, lo estamos viendo y viviendo, hay una violencia que nos quita la libertad, la igualdad y la seguridad. No queremos más mujeres desaparecidas, ni abusadas, ni asesinadas.

 

(Ilustración: karrycartoons.blogspot.com)