Lo hemos logrado: mes doce, “ansiado diciembre” ha llegado y si bien el calorcito que lo acompaña y nos trae olorcito a verano, descanso y vacaciones da un impulso especial para lograr que lleguemos al final de nuestras actividades sin desfallecer, también nos introduce en un estado de “contínua celebración” en el cual, en algún momento, hay un poco de ganitas de mudarse a Nepal.

Mes de cierres, finales, balances, despedidas y festejos varios, de los tradicionales y de los otros; diciembre da lugar a festejarlo todo. Un mes en el que se reúnen, saludan y despiden el año todos los grupos humanos de los que formamos parte: las amigas de toda la vida, las amigas del club o del grupo de yoga. Si tenés hijos, asistirás a las fiestas de fin de año respectivas, agotadoras ya desde su preparación: “Madre, la nena este año va disfrazada de lechuga” (¿?) La reunión con las mamás de las otras lechugas, (con o sin lechugas incluidas) es real; terminás siendo amiga de las otras madres de la escuela o liceo de tus hijos. Tus ahora amigas del liceo, que seguramente no se vieron en todo el año, quieren justamente verse antes de que el año termine, más la reunión de los primos (los primos siempre se reúnen a fin de año); y si tenés pareja, son dos reuniones, no vas a estar mezclando primos tuyos y ajenos, no hay necesidad. Sumale la salida con el grupo del curso que hiciste este año (seguro hiciste algún curso este año), más el festejo con los compañeros de trabajo, que en esta vida de multiempleo la cantidad de festejos será proporcional a la cantidad de lugares en los que trabaje uno (a modo de ilustración, soy docente y trabajo en 6 instituciones diferentes). Todos estos compromisos, en medio del trabajo que, si bien entre tanta “celebration” uno ya va degustando su anisado final, la realidad es que ¡aún NO termina!

Agota el simple hecho de leer esta extensa lista de compromisos ineludibles y más agota si pensamos que en ella aún faltan las “vedettes” de diciembre. Bien amadas para unos, bien pesadas para otros, bien con ganas de hacer un salto cuántico y pasar del 20 de diciembre al 3 de enero con tal de poder esquivar el tema para algunos otros. Navidad, dulce y entreverada navidad. Fin de año, con ganas de que ya sea 2 de enero. Fiestas tradicionales, sinónimo de paz, amor, solidaridad y festejo familiar. Festejo familiar sinónimo de muchas cosas, algunas muy disfrutables, algunas otras de olvidar. Quien tiene su familia, motivado o no, asistirá a casa de alguno de ellos  previo acuerdo preliminar del tipo: “NO se hable más, este año nos toca en la casa de tía Norma”. De ser casada surgirán cosas símil: “Basta de pasar siempre con tus padres, mamá tiene razón, al final parece que no quisieras estar con mi familia” o “Este año decidimos pasar las fiestas en Melilla, ¿vienen?” Me pregunto, ¿hay alternativa? Si estás separada y con niños, sugiero planillita, calendario en mano y cuentas: cuatro fiestas, dos padres con sus  familias respectivas…cuando lograste organizar diciembre ya tenés encima reyes, carnaval y turismo. ¡Ánimo! Quien por el motivo que sea se encuentre caminando solo en esta etapa de la vida elegirá donde ir, o donde NO ir. Siempre hay buenos amigos a los que visitar o lugares en los que resguardarse hasta que pasen los festejos. Si estabas en plan dieta, olvídate, diciembre no es mes para semejante aventura. Parece que toda la comida se venciera este último mes del año y hubiese que comerla antes del 31. Además, no hay prácticamente nada que se coma en las fiestas que sea “lait”, ni aun logrando convencer a toda la familia de los beneficios de un menú más simple y liviano. Siempre hay  algún plato tradicional familiar que se respeta, no puede faltar en la mesa de diciembre y sí o sí hay que comer: “los huevos rellenos de la tía Nené”, por ejemplo. Sin palabras, ni preguntes, hay tradiciones familiares que no se cuestionan, comete el huevo relleno, después ves cómo contrarrestar el bombazo de colesterol. También está el familiar que asiste a los festejos con algún budín inglés o pan dulce bajo el brazo y una, que es educada, no puede despreciar semejante gentileza.

Ya reunidos y comidos, alguno que otro también bebido, entrada la noche, abiertos los regalos, los niños dormidos, brindis tras brindis el año despedido, en silencio o en medio de un baile enloquecido, este es un buen momento para estar en familia y está bueno tratar de disfrutarlo. Si hubiese habido roces quizá sea hora de atenderlos ¿acaso no dicen que en diciembre la gente se pone más solidaria, humana y sensible?. El “espíritu navideño” que le llaman. ¿Qué no se puede olvidar, perdonar y sanar en este aparente final?. Total, lo hagamos o no, por suerte (o por desgracia), el tiempo corre, la vida sigue y pasado el 2 de enero todo volverá a empezar.

Por Marcela Gimenez.