Shock, caos, desesperaciones varias, locura interna u externa la llevan a una, en algún momento, a pedir algún tipo de ayuda “al cielo” (cielo: arriba, alto, lejos de la terrícola torpeza).

Por Marcela Gimenez

Lo asumo, soy de las que pide ayuda al cielo y, más aún, soy de las que se sienten ayudadas por él.  Claro, no siempre el silencioso cielo logra consolar nuestros desesperes, y con poca paciencia en nuestro haber y en esa bajada de desastres encadenados, mala racha agotadora, semanas de levantarse con el pie izquierdo, en  el fondo o en el frente, quién no ha pensado al menos una vez en consultar a una tarotista, curandera, mae, desengualichadora o similar. ¿¡Eh!?

Que venga alguna y me baraje el mazo, a ver si en la revoleada de las cartas de “mágica” manera se me acomoda el caos del que soy presa…

Ofertas son las que sobran. Tarot de todas las nacionalidades, cartas criollas, buzios, runas, borra del café, lectura de manos y más. Pase por aquí, con la técnica elegida le adivino (¿?) su futuro: “Tendrá problemas femeninos” -y sí, soy mujer, en la larga vida que espero tener algún problema femenino tendré-, “Veo un engaño” -y sí, entre tanto romance que una ha tenido, tiene o tendrá,  siempre hay alguno que nos engaña-, “Hay alguien que la espía” -digo yo… que esté en Facebook, ¿tendrá algo que ver?

Ojalá fuera  tan fácil el tema; que alguien más con un “poder superior” (¿?) me diga qué puedo hacer para conseguir un mejor trabajo, cambiar la pisada, ser más o menos feliz, volverme más flaca, lograr sueños, objetivos, metas y similares cosas que quiera conseguir o simplemente cómo se hace para salvarse de tanto entrevero que a veces nos auto-generamos al pedo.

“A dire il vero”, y si bien me sería más cómodo hacerlo, no puedo tomarlo tan a la ligera y trato en algún punto de restarle importancia, pero me he cruzado con algunos personajes con ciertos “dones adivinatorios” que han sabido dejarme literalmente de cara. “Creer o reventar“, “Las brujas no existen pero que las hay las hay”,  son algunas de las cosas que dicen por allí… Confieso que me da algo de miedito el tema.

Y si bien me genera algo de curiosidad que alguien diga las cosas que podrían llegar a pasar o a pasarme también me genera ansiedad y en algún punto me da a pensar que el manejo de algunos “saberes” puede ser generador de conflictos, internos y, a la larga, externos.

Por eso elijo dejar  a los videntes viendo vidas ajenas, que le barajen el mazo y le hagan el revoleo de las cartas a la que sigue, que alguien más se tome el café. Paso de la adivinación y trato de concentrarme en que las cosas que quiero me pasen, un poco al elegir lo que quiero que me pase, un poco evitando situaciones complejas, un poco haciendo cosas que me hacen bien, un poco soltando lo que no me aporta y creo que también un poco mucho siguiendo la intuición y el “plan trazado”.

Sí, lo admito, me gusta pensar que hay una hoja de ruta que me toca recorrer y que nada tiene que ver con mi capricho de simple y  torpe mortal.

¿¡Suena místico!? Puede ser, pero no me importa. Al fin y al cabo cada uno que crea en lo que le plazca.

Eso es lo que yo elijo creer y lo que tenga que ser, que sea.