Cumplí los 20 y fue una fiesta. Cuando cumplí los 30 fue como si me cayera encima un piano de cola con pianista intérprete y banco giratorio incluidos.

Me llevó casi tres años adaptarme a la nueva decena. Y no por un tema de cómo el mundo me veía (a pesar del “señora” que escuchaba cada vez más seguido) o como me sentía yo frente al mundo, hasta creo que no era el número lo que más importaba,  sino el cambio de dirección, imposible ya de frenar, que este representaba.

Por Marce Giménez.

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Hay  que admitirlo, con el paso del tiempo los plazos se acortan y a una le entra el apuro por hacer, resolver o definir, lo que sea que sintamos que está en el “debe”,  antes que el famoso “reloj biológico” marque nuestro cuarto de hora.

Soy mujer. Y recién hace algunos años me di cuenta de lo que eso significa.

Mujer: del latín mulier, aguada o blandengue (¿?)

Una definición de las mil carambas (es más que evidente que no hago referencia a esto cuando digo que “me di cuenta de lo que eso significa”)

Como para no costarnos una eternidad reivindicar nuestro lugar en el cosmos.

Cuántos roles diferentes cumplimos a lo largo de la historia, cuántos cumplimos cada una de nosotras a lo largo de nuestras vidas y cómo en cada momento interpretamos nuestro papel a las mil maravillas. Aún los menos felices.

Mujeres hijas… Todas lo somos. Y qué difícil se hace por momentos la relación con nuestras madres, para nosotras mujeres hijas.  En lo personal, entendí un poco más a mi madre cuando fui madre.

Mujeres amantes-enamoradas… O solo enamoradas, o solo amantes.  O mujeres atravesando uno más de los tantos matices de eso que llamamos amor.

Mujeres que aman… A veces demasiado. A veces como pueden. A veces como las dejan amar.

Mujeres que hacen el amor… Y en el caso de que el amor no esté presente en esa instancia, diría entonces que tienen relaciones.  Sí, eso mismo, algo tan normal en la especie humana, habilitado también para el género femenino.

Mujeres madres…Muchas, diría que casi el 80% de las que han pasado los treinta largos como yo. Mujer madre, en mi vocabulario, sinónimo de valiente, porque, está bien eso de que la naturaleza nos ha preparado desde nuestro nacimiento para crear y dar vida, ahora… hay que estar muy bien plantada para afrontar semejante desafío. De por vida extendidas a otro ser, nunca, nunca, nunca somos las mismas mujeres después de ser madres.

Mujeres seguras…Que saben lo que quieren. ¡¡Y sí, Mujeres!!  Son muchas las veces que lo sabemos, que no queramos verlo es otro tema. Que nos quede más cómodo sobrevolar algunas cosas, no quiere decir que no seamos conscientes de ellas.  Personalmente me gusta verlo como un, “dejar pasar”, en el afán de “tomar carrera”.

Mujeres fuertes…Conozco muchas que ya entendieron que las mujeres somos fuertes por naturaleza y avanzan con confianza, otras están recorriendo un camino un poco más largo, pero estoy convencida de que van a llegar pronto.

Lamentablemente, o por suerte, la vida no siempre se “comporta” como quisiéramos nosotras. En esta seudo modernidad en la que nos movemos, a veces nos toca interpretar papeles que no siempre se ajustan a nuestras capacidades, muchas veces nos negamos las posibilidades a nosotras mismas, muchas veces somos presas de situaciones que distan mucho del ideal de bien estar, otras quién sabe a cuenta de qué, solitas nos tiramos en “palomita” a piscinas de aguas turbias. Por lo general nos dejamos golpear por las “circunstancias” un rato, hasta que en una de esas atropelladas de vida logramos vernos con claridad, descubrirnos en las mujeres hábiles, capaces y fuertes que podemos llegar a ser. Creo que es bueno tener en cuenta que sí hay salida, con o sin ayuda, a la situación que sea, siempre la hay.

Las relaciones humanas son complejas y cómo. Dentro de ellas, las relaciones de pareja diría que son de las más complejas. Los masculinos de la especie no siempre logran entender algunos de los “sentires” femeninos y me parece que  tampoco está dicho que tengan que entender todo lo que a las mujeres nos pasa, creo que empezar por respetar algunos de nuestros estados sería ampliamente positivo.

Mujeres de treinta y pico con sus planteos, temores y  decisiones, son de armas tomar y de poco “domar”. Parece que estoy entre esas.