A mi amiga Natalia la dejó el novio.

Al parecer un año de convivencia fue suficiente para desatar tempestades varias; de un tiempo a esta parte sus conflictos se volvieron insalvables y al parecer ayer todo terminó en un detestable “necesito un tiempo”,  o al menos eso fue lo que entendí  mientras volvía a casa del trabajo con Natalia lloriqueando en mi celular.

Duro. Para ella y para nosotras, que le hacemos el aguante.

Él, que emigre; aun si es válida su decisión no nos vamos a detener en sus motivos. Para este bloque femenino, que una amiga la pase mal, es una razón más que suficiente para, en segundos, pasar a la categoría de “enemigo público”.

Supongo que son cosas que pasan; el tiempo que pasa y muchas veces, de la mano del tiempo, también pasa el amor. Se va, sale de paseo, desaparece, se termina, nos abandona y, con la misma intensidad con que nos enamoramos, nos des-enamoramos y ese ser especial, lleno de cualidades especiales y atenciones únicas y especiales, pasa a ser un  ser “eZpeZial”, al que nosotras en esta nueva visión de su “especialidad” preferimos tener a más de 200 metros, 400 si es posible…

Claro, no es el caso de Natalia. No, en esta oportunidad ella paso a ser el ser “eZpeZial”, al menos ante los ojos de este masculino que ayer, al improviso, abandonó la nave.

“Es la vida”, le digo a Nati al celu, o intento hacerlo al menos. La verdad es que entre tanto sollozo no sé si escuchó algo de todo lo  que dije.

Es la vida, que es un continuo movimiento (?) y que transforma en EX a todo lo que “no ex max lo que era”. Sé que cuesta pero es bueno que aprendamos a aceptar que algo se terminó, que se acabó lo que se daba.

Fin, the end, ende, fine.

Pero, si bien es cierto que las dinámicas cambian, que TODO cambia, también es verdad que nada se pierde; en palabras de cantautor sería algo como “nada se pierde, todo se transforma”.

Y es teniendo en cuenta eso que podría asegurar que dejaremos de tener novio, marido, amante, amigovio, reparador de objetos varios para hacernos acreedoras de un nuevo y transformado modelo Ex. Ex novio, ex marido, ex amante, ex amigovio… y, en este nuevo formato ex, seguramente ganemos algunos varios objetos domésticos con necesidad de reparación.

Sí… “Fronteras insalvables separan nuestro amor…” Y separación de por medio, dejando nosotras o siendo dejadas, sufriremos nuestro duelo, algo normal y lógico. Lloraremos desquiciadas o celebraremos con fiesta incluida el distanciamiento de nuestro partener, según cuál sea el caso. Haremos rituales varios, como tirar las cosas del ex que quedaron en casa, o subirlas a un taxi con destino incierto, desechar las fotos de la pareja, o meter tijera en ellas eliminado así, ilusoriamente, todo rastro del varón en cuestión. Seguramente, alguna que otra deje de usar para siempre una u otra prenda que recuerde alguna que otra situación vivida en compañía del nuevo ex, y,  por supuesto, en esta era virtual en la que nos movemos en el 2012, “él” será automáticamente eliminado de nuestro  Facebook, MSN, y cualquier artilugio cibernético que le permita estar al tanto de nuestra nueva vida ¡sin él!

Y así el tiempo volverá a pasar…ese sí que nunca para. Y una va a sanar la relación, o quizá no, y una va a superar la situación, o quizá no, y una quizá se enamore de nuevo, o tal vez no, y también en algún momento una se volverá a encontrar con el ex… eso sí que siempre pasa. Quizá solo… momento complejo. Quizá con “la actual”… momento diabólicamente complejo. (Convengamos que para el género femenino, las actuales de nuestros ex nunca nos parecen “su tipo”, nunca están a la altura, nunca logramos entender “qué le vio”).

Es así que entre hipótesis varias, variadas posibilidades y porqueses, lo veremos pasar, solo o acompañado, y si bien sabemos que ya nada nos une ni nos unirá con este des-amado varón, después de compartir cuestiones varias con él, seguramente en alguna forma inconsciente , y muy en el fondo en el fondo, se sienta un poco dueñita de algunas de sus cosas y capaz, sólo capaz…del mismo modo que una guarda el jean que ya no le queda, pero que no tira porque nunca se sabe cuándo le puede volver a servir.

Por ahí una también se guarda el número del ex; dicen por allí que el que guarda siempre tiene, al fin y al cabo, ¿no es que la vida todo lo transforma? Una nunca sabe cuándo se pueda tener necesidad de un ex. ¡Ojo!, capaz que nunca más en la vida. Hay relaciones que terminan para las mil carambas y no se quieren repetir ni en la peor pesadilla, pero… admitamos que también las hay de las otras…

Por Marcela Gimenez

(desde Uruguay).