Luna llena, mujer al borde de la menstruación.

Y los que nos rodean se alejan, silbando bajito.

Y sí, admitámoslo, una mujer menstruando tiene sus bemoles, para qué negarlo.

Del latín cyclus, un ciclo es un período de tiempo que una vez finalizado vuelve a empezar. Es como si mes a mes la naturaleza nos preguntara:

-¿Qué pensás de ser madre?
– Mmm…sabés que para este mes tengo otros planes…
– Bueno, dale, el mes que viene pasamos de nuevo a ver qué te parece. Igual, dejamos tu cuerpo preparado por si cambiás de idea en el correr de estos 28 días.

O sea, el llamado ciclo que nos hace fértiles, va y vuelve sin que lo llamen, y en la mayoría de los casos cuando se le canta.  Por más que una anote en el almanaque con rojo furioso “Hoy me vino” y lleve las cuentas a la perfección, intentando establecer con este ritual un mínimo control sobre su propio ciclo menstrual, buscando así el modo de programar “ciertas actividades” en las que el famoso e inoportuno Sr. Ciclo no participe: las únicas vacaciones del año en la playa, el encuentro romántico que venís planeando desde hace semanas o el viaje en bus de horas de cola contra el asiento a comprar cosas que, al ser más baratas, parecen de indispensable necesidad (¿?).

El poder controlarlo no es posible.
Teniendo en cuenta que él llega y se instala para quedarse unos días, hay que atravesarlo con dignidad y, en algunos casos, echar mano a las estrategias…
Bolsita de paciencia y surtido de absorbentes para el viaje. Rezarán las que tenían el encuentro romántico pidiendo al cielo verse “sepsies” aún con los cullotes, que son los que más disimulan. Putearan las que programaron las vacaciones en la playa, de puteadoras que son nomás, porque gracias a Earl Hass, ¡existe el tampón! Suspirarán hondamente aliviadas varias y por motivos varios. “Very happy” las que no queremos continuar aumentando los índices de natalidad. Compungidas las que esperaban que fuera éste el mes para emprender el camino hacia la maternidad y no pasó…tranquilas y con ánimo, en la perseverancia está el éxito y convengamos que es una perseverancia muy copada.

Sí, ya sé que es un poco bizarro plantearlo así, y que lamentablemente para algunas de nosotras el tema de la maternidad no se da en forma tan simple, pero, en reglas generales,  es más o menos lo que pasa. Y ya sea que quedemos embarazadas o no, nuestro cuerpo se prepara cada mes para cumplir esa misión durante unos cuantos años.

Ya que se pone así la cosa, a este punto me parece de vital importancia resaltar las molestias varias que acompañan el llamado ciclo menstrual y vale aclarar que NO son un raye personal. Es difícil hacerse la normal cuando la sensación corporal es símil a ser atropellada por un camión con acoplado. Aclaramos para los que no han pasado por esta experiencia tan enriquecedora, que todo el cuerpo se revoluciona, además de que todo lo que pasa, pasa a la vez, al unísono, TODOJUNTO: dolor de cabeza + dolor de panza + sensibilidad potenciada + incomodidad + el viaje personal de cada una teniendo en cuenta la situación personal y emocional que se vive en ese preciso momento por la causa que sea…

En mi caso, y a pesar de las incomodidades evidentes del tema, agradezco a mi Sr. Ciclo menstrual la posibilidad de haber sido madre.

Siendo conscientes de este “regalo” que nos hace la naturaleza,  y ya que va a venir por más que pataleemos, que él venga tranquilo nomás, nosotras hagamos lo posible para pasarlo lo mejor que se pueda.

Y si pienso detenidamente en todas las “posibles causas varias” que pueden provocar la falta de la menstruación en una mujer…
Sin dudas,  prefiero poder quejarme de lo incómodo que es cuando llega y atravesarlo dignamente, entre puteadas si el caso lo amerita, a verme sin “él” por la causa que sea.

Así que, también este mes: “¡Qué bueno que me vino!”

 Por Marce Giménez,

desde Uruguay.