Gaby Herbstein soñaba con ser egiptóloga. Pero los vientos del destino la impulsaron hacia otros rumbos, no tan diferentes. Es que esa carrera, como la que al final eligió, trabaja con huellas.

Analizar las marcas de otros o dejar las propias. Esa fue la cuestión inicial. Gaby descubre la fotografía de casualidad —estudiaba turismo— y es un flechazo a primera vista. Un romance que no termina.

— A los 18 años me veía como Howard Carter, el egiptólogo que descubrió la tumba de Tutankamón. Me imaginaba desenterrando tumbas y encontrando huesos en excavaciones. Pero en Argentina era muy difícil estudiar egiptología así que decidí empezar una carrera que me acercara a Egipto. Me incliné por turismo. Un día una compañera me invita a un curso de fotografía. Yo ni siquiera tenía cámara, tuve que  pedirle que me prestara la de ella. Y fue una revelación increíble. Desde el primer momento que crucé esa puerta me di cuenta de que era lo mío y que realmente quería dedicarme a eso. Fue así que empecé a hacer un curso tras otro. Usaba un cuartito que había en la casa de mis padres y allí pasaba horas revelando.

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Gaby Herbstein tiene mechas rubias degradadas, oscuras donde nacen y más claras hacia las puntas. Cabello hasta los hombros, pestañas arqueadas y ojos grandes. Tiene una piel tersa, posiblemente alisada gracias a un maquillaje imperceptible. Lleva un pañuelo negro rodeando el cuello y anudado por delante. Viste una remera gris, lisa en las mangas y estampada en el pecho. Por debajo del pañuelo se deja ver una cadena escondida de la que posiblemente cuelgue algún pequeño dije.

Pero nada de eso importa.

Porque Gaby Herbstein es fotógrafa y lo mejor de ella nace detrás del flash, cuando se funde con su cámara y obturan.

De allí resultan formas grandiosas: imágenes que apuestan a cuidar el planeta, a prevenir el HIV, o a retratar  personalidades como Julio Bocca, Gustavo Ceratti, Ricardo Darín.

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Sus proyectos son reconocidos en el país y en el mundo: realizó 18 muestras individuales anuales en museos y salas de Argentina y muestras itinerantes aquí y en el exterior.

Su más reciente exposición, que lleva el mismo nombre de su primer libro —Aves del paraíso—, se presentó en el Darwin Museum de Moscú.

Además, muchos de sus proyectos personales son volcados en calendarios: Huella Ecológica, Mujeres de la Historia Argentina, Aborígenes, Calendario de Julio Bocca, Uno. Inclusive realizó calendarios para la Fundación Huésped con el fin de contribuir a la prevención contra el HIV / SIDA.

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Si escribimos “Gaby Herbstein” en Google, las diez primeras imágenes que aparecen no son de ella  —aunque sí son de ella—. Porque en las primeras fotos no está el rostro de Gaby, o Gaby posando en alguna muestra con copa en mano o fotografiando gente: las primeras imágenes son de su obra.

En el evento donde la entrevistamos (El Grito Creativo) no aceptó presentador ni luces fuertes. Solo ella, una pantalla gigante, una mesa y butaca altas color blanco. Y que las imágenes, por sí mismas, hablen.

Y hablaron:

Calendario Huellas:

Proyecto que realicé para el año 2000. La idea fue bucear en los orígenes, y mostrar cómo era la mujer argentina antes de la llegada de los españoles. El problema surgió cuando comenzamos a buscar imágenes para referenciarnos y descubrimos que nadie había hecho un trabajo que tuviera que ver con el aspecto de esas mujeres. Fue empezar de cero, ponernos el traje de antropólogos e investigar de qué se trataba. Logré juntar un material espectacular de fotografía de la época, que incluso algunos antropólogos me lo han pedido para dar clases. Inclusive viajamos a Salta y Jujuy para charlar con un grupo de wichís. También me basé en relatos de jesuitas de la época, que escribían cómo veían a los “salvajes”. A esta altura tenía la ayuda de antropólogos, y pasaba horas metida en el Museo Etnográfico.

Heroínas:

Este es otro trabajo con mujeres. La idea fue rescatar doce heroínas de la historia de nuestro país. En el momento del trabajo no había demasiado reconocimiento a estas mujeres. Hoy en día hay calles con su nombre, pero en ese momento estaba todo muy oculto, las mujeres sólo aparecían bordando la bandera, ayudando a los próceres. Mientras que en realidad había mujeres como la Chacha Peñaloza que luchaba en el frente con los hombres y fue herida de un sablazo.

Para este trabajo hicimos una reinterpretación del vestuario. Para eso convoqué a doce diseñadores a quienes les di información de los personajes y ellos hicieron sus diseños en base a eso. Fue algo así como una “retroalimentación” muy interesante.

Calendarios de niños a beneficio de la Fundación Huésped:

Cuando la fundación me convoca acordamos que íbamos a hablar del HIV sin hablar de la enfermedad, ya que la imagen no tiene que ser siempre directa para generar impacto. Y comprobamos que lo importante en estas campañas es captar la atención de la persona. Finalmente, este tipo de imágenes tuvo más impacto que otras mucho más “directas”.

La idea era hablar del traspaso del HIV de madres a hijos. Algo totalmente prevenible ya que si no le das de amamantar a tu hijo no se lo transmitís. Esta campaña ayudó a eso. Fue muy gratificante.

Calendario La Basura no es Basura:

La idea fue valorizar los desechos. Estamos haciendo mucho daño al planeta y la búsqueda fue mostrar que esto que estamos desechando se puede transformar en otra cosa, darle otra oportunidad. Por otro lado, los chicos son los depositarios del planeta que les dejemos, por eso aparecen niños.

Este trabajo fue hecho con un ilustrador, Pablo Bernasconi, quien es también el ilustrador de los libros preferidos de mis hijas. Fue maravilloso trabajar con él.

Por Rosario Spina.

Fotografía: Micaela Pertuzzo

[box]Esta nota fue publicada en la segunda edición impresa de IneditadaS, en diciembre de 2012.[/box]