Briseida Alejo Ortega, la violinista que desde 2004 enseña su pasión a las niñas del Hogar del Huérfano, habla sobre su llegada a Argentina y cómo se involucró con el proyecto Vibrato de la Fundación Allegro.

Briseida es profesora de violín. Es de Bolivia y desde el año 2004 está viviendo en nuestro país, enseñando su pasión a las nenas del Hogar del Huérfano. La Fundación Allegro, creadora de “escuelas orquesta” para chicos carenciados, fue el lienzo en el cual comenzó a dibujar su travesía. Hoy cumple el sueño de cursar un estudio superior en Argentina, país que eligió para quedarse.

¿Cómo comenzó tu labor en Argentina?
Vine a la Argentina a estudiar música, la Licenciatura en Violín. En Bolivia no existe ese tipo de estudio y yo me enamoré de la música. Decidí ser música profesional y tuve el apoyo de mis padres. Tengo familiares acá y eso ayudó a que viniera a Rosario y no a Buenos Aires. Cuando llegué, en 2004, comencé a tocar en orquestas y así fui conociendo la gente y el ambiente. Entre esa gente que conocí, me llamó la directora de este proyecto para trabajar con niños carenciados; recuerdo que en la primera reunión me contaron que se trataba de un hogar de huérfanos y que, por supuesto, el trabajo iba a ser ad honorem. Quien habló conmigo para esta iniciativa fue la directora, que es pianista y flautista.

¿Cómo te sentís enseñándole música a nenas con menos oportunidades?
Increíble. Comparto mucho con ellas. Además de enamorarme del violín, yo me enamoré de las bambalinas, el detrás de escena… Incluso más que del concierto. Esto se debe a los ensayos que hacemos juntas y la fraternidad que la música nos trae.

¿Creés que Vibrato llena un espacio vacío en la vida de un niño huérfano?
Exacto. Por eso Vibrato me encantó desde un principio. Creo que llena un vacío enorme, como vos decís, ya que la música –y más si es clásica- suele desarrollarse en ambientes muy elitistas, se aprende en institutos privados y de altos costos, sin pensar que muchas personas que tienen el talento no pueden afrontarlos. Y me parece malísimo privar a alguien de la belleza del arte por no tener dinero. Ese vacío los convierte en personas, además de carenciadas económicamente, carenciadas de alegría y voluntad. Y eso es lo peor que puede pasar.

¿De qué modo específico la música puede cambiarle la vida a estas niñas?
Creo que la música, además de una terapia, es una herramienta más para que ellas puedan integrarse socialmente y puedan elegir. Porque el hecho de que vengan de familias con muchos problemas, o estar excluidas socialmente, las priva de valer por su capacidad, optimismo y talento. Yo intento revertir eso. Intento que ellas puedan tener una vida mejor, simplemente eso: que tengan una gama de opciones.  Y veo que, a medida que avanzamos, ellas van teniendo otro comportamiento con la vida misma y eso me hace verlas más contentas y juntas creamos ilusiones y metas.

Y para vos ¿qué es la música?
El corazón late a 60 pulsaciones por minuto, si el corazón se detiene, uno muere. Y la música transcurre en el tiempo; si él desaparece, se la lleva consigo. Toda nuestra vida está basada en esa pulsación, cosa que reflexionamos con mis nenas. Yo les contaba, por ejemplo, que una blanca equivale a cuatro tiempos y veía que me miraban con cara rara, entonces comencé a plantearme el concepto de tiempo para explicárselo a ellas, y así llegué a esa conclusión: que vivir dentro de una pulsación es música, un transcurrir de sonidos y silencios, porque la música también es silencio. Así, la vida es música.

Como profesora, les enseñás todos los días a tocar el violín; ¿hay algo que ellas te enseñen a vos?
Sí, por supuesto. Siempre me hacen volver, en su relación con la música, a mi niñez. Yo les enseño a tocar el violín y ellas me enseñan a estar más alegre, a ser más sencilla. Cuando pasan los años, uno se pone más complicado y desconfiado, pero ellas me enseñan todos los días a volver a lo simple.

[learn_more caption=”El violín es un diablo” state=”open”]

Una argentina más.

Briseida cree que los argentinos somos “muy amigables y sinceros, de los que primero te abrazan y luego preguntan tu nombre”. También dice que se sintió “como argentina” desde un principio. Actualmente forma parte de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario, que fue “el punto decisivo para que termine de enamorarme de este país

Ser artista.

Ser artista te convierte en un ser equilibrado. Tenés que tener empatía, yo no puedo tocar el violín para mí sola, en ese sentido es también una herramienta para comunicarme. Cuando un solista está en un escenario, no sólo significa que ha llegado a la exactitud de su técnica y desarrollo musical, sino también es una persona que se ha superado mucho. Ser artista te saca la vergüenza, debería reemplazar a los psicólogos.

Un sueño.

En Bolivia no está la posibilidad de estudiar la Licenciatura en Violín, y para ella sería un sueño que los estudios superiores en música lleguen a todos los países del mundo: “Aunque sea de forma gradual, que haya más espacios curriculares que permitan a los niños expresarse y relacionarse con verdaderos artistas y personas valiosas”.

El violín.

El violín es un instrumento muy romántico pero también es un diablo, encierra juntos al amor y a la guerra. Puedes con él hacer llorar a una persona, matarla con su sonido estridente. Es como la vida misma.” [/learn_more]

Silvana Belén Teglia