Recuerdo bien el día que decidí empezar a ser feliz; más precisamente el día que decidí empezar a quererme, el paso más importante para ser feliz. Ese día pude, sin saber que podía, terminar con algunas situaciones que no me permitían avanzar, que eran destructivas y que yo sabía bien que lo eran, pero también eran cómodas y, como dice mi madre, “la comodidad es enemiga de lo bueno”.

A partir de ahí sentí una libertad que no había sentido nunca. Me miré al espejo y empecé a reír, orgullosa de mí, y sorprendida.

Por Carolina Raduán.

despertar

En el fondo, creo que pude salir de esos lugares dolorosos porque sabía que algo genial estaba llegando. Es difícil de explicar cuando digo que fue una sensación de libertad la que sentí, pero no encuentro otra forma de describirlo. Ahí estaba yo, sola, mirándome al espejo, cuando de pronto mi cabeza dijo “BASTA, vos te mereces cosas buenas”. Creo que un poco me la creí.

Desde ahí, mi vida se transformó por completo, pude empezar a “ver” de una manera completamente diferente. Todo empezó a ser distinto.

Me costó muchísimo manejarme en esa nueva “yo” (y hasta el día de hoy me cuesta). Es como armarse una estructura, que de pronto se desmorona por completo. Yo era un montón de cosas y hoy soy un montón de otras. Entonces, en un momento, no entendí nada, me perdí en mi misma.

Y, al mismo tiempo, empecé a conocerme, pero de verdad; a “desnudarme” frente a mí, a decir “Soy esto”. Lo positivo del auto conocimiento es tomar lo bueno para poder explotarlo, y agarrar lo malo e intentar, de a poco, cambiarlo…tarea complicada si las hay, pero posible.

Personalmente, creo que la capacidad de tener conciencia es algo muy sano y que no a todos les pasa. Desde hace tiempo, por momentos, me siento súper consciente, consciente de mi misma. A veces creo tener la capacidad de ver, con una claridad casi perfecta, mis miedos, defectos, virtudes y ansiedades.

Puede que descubramos en nosotros mismos rasgos insoportables, características de nuestra personalidad que en realidad siempre estuvieron ahí, pero ocultas, tapadas, y que de pronto salgan a la luz; es una gran lucha con nuestro propio ser. Hay personas que nos causan ese efecto, se cruzan en nuestras vidas, la cambian por completo, nos ayudan a crecer, a ir para adelante, nos hacen querer ser mejores. Es ahí, donde empieza todo esta intención de cambio, esta necesidad de evolución por uno mismo, pero también por el otro.

Conocernos forma parte de crecer, y el crecimiento a veces puede resultar doloroso. En este proceso uno quiere volver atrás, quiere quedarse donde estaba, porque el pasado es el lugar cómodo, el conocido, y nadie quiere lidiar con la incertidumbre, nadie quiere no saber y eso es lo más difícil. Después uno empieza a descubrir que lo que viene siempre es mejor, que ir para adelante es la mejor (y única) opción, y que realmente está bueno.

De a poco estoy entendiendo que hay procesos que es muy positivo vivirlos. A veces nos agobian un poco, nos generan ansiedad, pero sentirlos, es decir, darnos cuenta cuando están ahí, cuando los estamos atravesando, es saber dónde estamos parados.

Estar conscientes es tan importante, es un renacer permanente, nos libera, nos genera un gran amor propio, porque empezamos a saber quiénes somos y, por ende, qué queremos. Creo que la frase “Ser feliz es una decisión” es acertada. Realmente nosotros construimos o destruimos nuestras vidas, con elecciones y decisiones, hasta cuando no elegimos estamos eligiendo. Las cosas no nos “tocan”, hay personas que viven diciendo “es lo que me tocó vivir”. Creo que no es así, todo es absolutamente modificable (menos la muerte, claro); pero mientras estamos vivos cada uno elige y construye su vida de la manera que puede y con las herramientas que tiene, porque parece que de eso se trata vivir.