Está el mundo revolucionado por el mundial y en nuestro país se siente en todos lados. Toda la gente que conozco me pregunta: “¿Y, vas a ver el partido de Argentina?” Generalmente respondo “No me gusta mucho el fútbol”, pero ayer a una gran amiga le explayé mi idea: no me gusta la dinámica que plantea el Ego.

Por Ana Eugenia Volonté – Psicóloga – Clor. Gestalt.

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Lo que quiero decir es lo siguiente: una competencia se sustenta sobre la base de que, inevitablemente va a haber un vencedor, un ganador, y eso es, por supuesto, a costa de que todos los restantes competidores pierdan. Esta dinámica comienza con gran felicidad e ilusión por parte de todos los equipos, pero progresivamente uno  a uno, país tras país, van cayendo en la frustración, la desilusión. Al final sólo uno queda con la copa, sólo un país festeja. Es una gran felicidad, pero el costo es muy alto (la frustración de todos los otros países)

La base fundamental es: “Seré feliz a costa de que otros no lo sean”. Cuando veo esto así me parece horrible, y es así como lo veo (con mi tercer ojo creo). Pero lo peor de todo es que esto no sucede sólo en el fútbol sino todo el tiempo a nuestro alrededor: el ganador de la competencia de matemáticas, el puesto más alto de trabajo, el abanderado de la escuela, la nota más alta, el mejor compañero, el mejor, el mejor, el campeón. Lo que estamos perdiendo de foco es el costo tan elevado que eso tiene: una vida de competencia, ganar a costa de que otros pierdan, ser feliz a costa de que otros no lo sean.

Por supuesto, en todos lados se habla de solidaridad, de igualdad, de valores humanos…pero mi pregunta es: ¿realmente se promueven esos valores? Y mi respuesta es: se habla mucho y se hace poco, se dice blanco y se hace negro. Vivimos en la incongruencia.

Desde la escuela primaria o el jardín ya se nos enseña a pelear para ganar, a comparar notas y rendimientos, en lugar de aprender a apreciar los valores únicos de cada uno, porque cada uno es único, irrepetible, y el mejor en un aspecto. Pero parece que eso no tiene valor, porque al Ego no le hace mucha gracia.

Personalmente no me gustan las competencias, prefiero mucho más las exposiciones. Un mundial utópico para mí sería aquel en el que todos los países participantes jugaran entre todos, partido a partido sin marcador, cantando goles pero sin contabilizarlos con éxito o fracaso. Sin competencia. Un mundial en que todos los países se lleven una copa, cada uno por lo que destacó: uno porque es el que tiene más velocidad, el otro más precisión, el otro porque es el que más hinchas convocó, el otro porque es el que más partidos solidarios organizó entre un mundial y otro, el otro porque… porque….Un encuentro mundial sólo para festejar lo mejor de cada uno, y cada uno diferente y único, no mejor.

A esta altura del relato me imagino un club de anti-fans abucheándome. Tal vez sea sólo mi imaginación.

Esta nueva dinámica, trasladada al colegio, al club del barrio, al trabajo, a la familia, terminaría con gran parte de la violencia que existe, acabaría con el bullying, con la violencia entre equipos de fútbol.

El mundo en el que yo quiero vivir es uno que no vive desde el Ego y la competencia, sino que realmente hace carne los valores de solidaridad y amistad de los que tanto habla.