Si de algo no hay dudas, es que en el último tiempo la mujer fue ganando terreno y luchando por sus derechos ante el hombre cada vez con más fuerza: comenzó a insertarse socialmente, ocupar puestos relevantes y asumir roles que durante tantos años fueron ejercidos solo por ellos.

Por Mariela Tesler Hansen – Isabellina –

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¿Qué pasó con la sexualidad? ¿Dónde quedó el cortejo, el encare, la invitación y el juego? Mucho cambió en este intercambio.

La mujer asumió durante siglos un rol de ama de casa. Esperando a su marido con la comida lista, la casa impecable y una marcada sensación de tener que cumplir con la función única de esposa, entregando su cuerpo en una mezcla de obligación y deseo.

Por muchos años ni siquiera se permitió pensar si verdaderamente era lo que quería. Fingía su satisfacción y en numerosas ocasiones buscaba excusas para no tener que “cumplir”. ¿Quién ganó con todo esto?  ¿Acaso el disfrute era sólo masculino? ¿O es que el hombre se lo merecía por traer el pan al hogar?

Los años pasaron, la sociedad se modificó. La mujer fue sintiendo y comprendiendo que ella también podía y merecía un bienestar más real y concreto. Salir a ganar su dinero. Alegrarse por ser reconocida en un trabajo, aportar con sus ideas y sumar al mundo con tanta diversidad. Hombres y mujeres somos de naturalezas diferentes y en este mix de aportes todos se fueron enriqueciendo.

La independencia sumó autoestima. Las mujeres empezaron así de a poco a ocupar espacios y a liberarse. Sin dudas fue un cambio positivo.

Las féminas comenzaron  a darse tiempo y espacio para escucharse, para leer solas su corazón y su cuerpo. Sus ganas y el deseo verdadero afloraron con gran fuerza y surgió así una mujer cada vez más segura de si misma, con ganas de disfrutar y sentir mucho más profundo.

Ahora son ellas las que encaran, las que buscan o proponen. Ahora ya casi no fingen, piden y defienden, se niegan si no tienen deseo. Ahora son ellas quienes lo buscan y sin demasiadas vueltas despliegan su “cajita feliz” y definen el encuentro.

¿Qué pasó con el hombre, entonces, que de pronto se vio sumergido en un nuevo paradigma? ¿Dónde quedó su discurso, qué hizo, cómo resolvió el cortejo? El hombre está desconcertado. Una mujer avasallante y encaradora no es lo que solía tener a su lado.

Lo mejor es que hombres y mujeres están formando el nuevo modelo. No se trata solamente de igualdades sino de lograr una relación que seduzca y conforme a ambas partes. Un modelo que siga fomentando el bienestar compartido. ¿Por qué no, ambos proponiendo?