Siete atentados simultáneos en la capital de Francia. Homosexuales son arrojados por yihadistas desde lo alto de un edificio. El gobierno jordano ejecuta yihadistas después de que estos quemaran vivo un piloto. Asesinan prisioneros de Al-Qaeda. Detienen jóvenes relacionados a la célula que atacó la revista francesa Charlie Hebdo, dispuestos a inmolarse. Titulares de este tipo inundan las tapas de los periódicos del mundo. Operativo antiterrorista en Bélgica deja como saldo dos muertos y un herido. Al Qaeda se adjudica el atentado a la revista francesa.

Por Maite Inchausti  

Ilustración del dibujante Julio Rey (extraída de su cuenta de Twitter)

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“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”, reza una placa que recorre las redes sociales después del atentado en la revista francesa Charlie Hebdo. La frase se le atribuye al filósofo Voltaire. Crítico desde sus inicios, escribe el Tratado sobre la tolerancia, un juicio al fanatismo, en medio de un clima de intolerancia religiosa desatado por la revocación de la libertad de cultos en la Francia de Luis XIV. Aunque opositor a la iglesia católica y muchas de sus doctrinas, defendió la tolerancia por encima de los demás valores, la capacidad de aceptar y entender la diferencia de ideas, credos y opiniones como herramienta para una convivencia pacifica. En su Tratado sobre la tolerancia, Voltaire enuncia que no es comprensible un principio donde los hombres se devoren los unos a los otros. “Cree lo que yo creo y lo que no puedes creer o perecerás. Cree o te aborrezco; cree o te haré todo el daño que pueda; monstruo, no tienes mi religión, por lo tanto no tienes religión: debes inspirar horror a tus vecinos, a tu ciudad, a tu provincia.”

Pero fue en realidad la escritora inglesa Evelyn Beatrice Hall, quien escribiera por 1906 una interesante biografía de Voltaire, la autora de la frase “No estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

Desde tiempos inmemoriales las diferencias religiosas mermaron poblaciones, fueron disparadores de guerras y enfrentamientos políticos. Sea de Hall o Voltaire lo cierto es que la frase se replica en medio de barbaridades que se cometen en nombre de santas escrituras, o de las interpretaciones que los hombres hacen de ellas.

“El derecho de la intolerancia es, por lo tanto, absurdo y bárbaro: es el derecho de los tigres, y es mucho más horrible, porque los tigres sólo matan para comer, y nosotros nos hemos exterminado por unos párrafos”, así lo expresaba Voltaire acertadamente allá por el siglo XVIII.