Hace años, creo que desde muy chica, me siento muy movilizada por la violencia de género. En realidad,  no comprendo el machismo, no comprendo la educación con desigualdad, no comprendo cómo desde el comienzo de la humanidad se le dijo al hombre que es un ser superior (…)

Por Carolina Raduan.

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Hace años, creo que desde muy chica, me siento muy movilizada por la violencia de género. En realidad,  no comprendo el machismo, no comprendo la educación con desigualdad, no comprendo cómo desde el comienzo de la humanidad se le dijo al hombre que es un ser superior, que es más inteligente, que tiene más derechos y que todo ese poder y esos derechos los puede ejercer sobre la mujer. De la misma manera que a ellos les inculcaron y les inculcan esto, a nosotras nos transmiten lo contrario. Somos el “sexo débil”, somos las que tenemos que vivir con miedo, las que podemos ser violadas, las que tenemos que ocuparnos de la casa y los hijos, y las que corresponde trabajemos y ganemos menos para que ellos no se sientan inferiores, y de ninguna manera podemos llevar una vida promiscua, ya que en nosotras es inadmisible “porque somos mujeres”. Y es esto lo que me indigna, el tener que justificar desigualdades permanentes seguidas de esta frase repetida por los siglos de los siglos.

En estos días la noticia del tremendo asesinato de la adolescente de 14 años fue como la gota que rebalsó el vaso, al menos en mí, sentí una gran desesperación de ver lo que está pasando, sentí que hay una obsesión desmedida con matar mujeres y tirarlas en un pozo, en un basural, en una zanja como la peor basura, como algo que se usa y se desecha porque en definitiva el mensaje es ese. Es realmente preocupante lo que está pasando, pero lo más alarmante es la mirada hacia el costado, es que a la mayoría esto no le importa, porque todo se basa en leer la noticia, comentarla con horror y seguir como si nada. Y no se puede estar ajeno a este flagelo, no podemos ignorar que cada 30 horas muere una mujer víctima de violencia en nuestro país. A nivel mundial las cifras varían, aumentan y disminuyen, pero la historia es la misma, ejercer violencia contra las mujeres.

Ni todos los hombres son violentos, ni todas las mujeres son golpeadas, pero hay una cuestión educacional que debemos modificar urgente porque sin irnos al extremo las mujeres vivimos en permanente situación de inferioridad. Salir a la calle y que nos digan cualquier cosa, soportar miradas y gestos obscenos, tener miedo si nos vestimos de determinada manera, sentir que, si no tomamos  precauciones, estamos en riesgo, esto también es violencia porque la desigualdad es violencia.

Hay que terminar con la educación patriarcal, no se puede seguir educando a los varones con mayores beneficios que a las mujeres porque estamos generando un mundo violento. Las mujeres necesitamos que se nos respete, pero no como mujeres sino como personas, necesitamos que el Estado accione de manera urgente, necesitamos una Ley que se cumpla, un sistema de protección para quienes tienen el valor de hacer una denuncia, pero nada de todo esto va a ser posible si no cambiamos como sociedad. Insisto, es fundamental la educación, tanto en las escuelas como en los hogares, y principalmente en los hogares. No eduquemos niños y niñas machistas.

Y nosotras, entre nosotras, debemos unirnos. A veces observo como nos atacamos, como nos ofendemos, como muchas sostienen ese discurso tremendo del “por algo le habrá pasado”, y mientras tanto nos están matando. Porque cualquiera puede ser víctima de esta violencia, cualquiera puede correr la mala suerte de ser tomada como cosa, como objeto, porque no nos olvidemos que el único requisito que hay que cumplir, es ser mujer. Por ende si matan a una nos matan a todas.

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Nota publicada en la sección Carta de Lectores del Diario La Capital – Viernes 15 de Mayo de 2015.

Imagen: RedEco.