La expresión artística Performance abarca un concepto posmoderno. Esta disciplina fractura y rompe con las ramas artísticas clásicas.

El Primer Encuentro de Performance fue organizado por el Colectivo Artístico Umbrales, en coproducción con el CEC, Artes Escénicas, la Secretaría  de Cultura de la Municipalidad y la Escuela de Artes Visuales Musto. El diseño y la coordinación del proyecto estuvo a cargo de Mónica Martínez

¿Cómo resultó el Primer Encuentro de Performance que se realizó en la ciudad? Julia Livolti, integrante de Didascalias, nos cuenta:

Este primer encuentro tuvo como consigna: El pueblo quiere saber de qué se trata. Fue en el CEC pero después hubo en la calle muchísimas intervenciones, por ejemplo una en la Facultad de Humanidades, otra en el Parque España.

Nuestra intervención en el PEP fue colaborar con la organización y con una performance con cincuenta mujeres convocadas provistas de una estética particular, que se movilizaron  desde el Parque España hasta la Fuente de las Utopías, con unas vasijas que tomaban el agua de allí  y la llevaban al río, generando una construcción interna de sentirnos en una utopía personal. La performance se llamó “Volver a la fuente”.

¿Fue exitosa la convocatoria?

Sí, vinieron de todos lados. Desde Brasil, México, Chile y España. La gente que hace esto tiene una gran necesidad de encontrarse con el otro y  de no hallarse en otros lugares, así que fue una convocatoria muy linda con alrededor de 150 artistas.

Algo llamativo para los espectadores fue la intervención de unas artistas mexicanas. Ellas hablan sobre el cuerpo y lo que intentan es incluirse en los espacios públicos desnudas, solamente con unos códigos de barra en las piernas. Cuerpos muy naturales y sin actitudes negativas. Esto lo estuvieron haciendo en México, pudimos ver fotos en el CEC. Y acá lo hicieron en la Facultad de Humanidades.

¿Cómo reaccionó la gente?

Algunos de manera horrorizada, otros estupefactos. A un agente de seguridad que había allí le temblaban las piernas.  Y ellas entrelazaron su performance con otra callejera que era un ataúd pequeño con un piso de espejos rotos y unos chicos con galeras repartiendo escarapelas. Entonces la gente se asomaba al ataúd y veía su imagen rota, como la patria rota, una construcción de éste es el pueblo y la patria. Así que primero entró el ataúd y luego las chicas. Pero fue una intervención que lejos de querer ser provocadora o incomodar, se quiso compartir y buscar la expresividad propia que a veces no puede acotarse a una técnica sino verdaderamente al sentido de por qué se hace.

¿Cómo nos definirías una Performance?

Un concepto importante es el aquí y ahora, y la idea de interrumpir la cotidianeidad, por eso se realiza a veces en la calle. En la performance no se espera que el espectador venga a construir una convención sino que se encuentre de improviso con el acto artístico. También la idea es  mostrar que el acto artístico está en todos lados, fundamentalmente.  Y que podemos mirarlo de formas diferentes. La performance rompe con la posibilidad de encausarse dentro de una disciplina particular que se alimenta y se relaciona a nivel conceptual con el suceso y el estar del espectador ya que intenta incluirlo y tenerlo en cuenta. En una performance el espacio, el tiempo y el momento hablan.

Por Rosario Spina

Fotografía: Micaela Pertuzzo

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