El cuerpo y la emoción se funden para redescubrirnos a nosotros mismos. Inspirada en la necesidad de “ser”, Biodanza apunta a un cambio positivo en nuestras vidas.

Gabriela Martínez- Profesora de Biodanza- nos explica y profundiza sobre este nuevo movimiento que conquista cada día más espacio en el mundo:

Biodanza es un sistema de re-aprendizaje de las funciones originarias de vida (todas esas cosas que nos hacen sentir bien), de integración y desarrollo humano ( coherencia entre el pensar, sentir, decir y hacer), de reeducación afectiva y asimismo de renovación orgánica.

Su metodología consiste en inducir vivencias a través de la música, la danza (no coreográfica, sino sentida), el canto, la comunicación y el encuentro en grupo -por eso no se puede hacer en forma individual-.

De esta manera podemos descubrir y desarrollar nuestros potenciales genéticos, los cuales se expresan a través de cinco líneas de vivencias (ligadas a principios de vida):
Vitalidad: es el potencial de equilibrio, de homeostasis, armonía biológica, ímpetu vital, energía que poseemos para enfrentar al mundo. También incluye la capacidad de descanso.
Afectividad: es la más importante!. Es la capacidad de dar protección, amar, aceptara a la diversidad humana sin discriminación.
Sexualidad: Involucra todo lo referente a los sentidos. Al disfrute de los sonidos, sabores, olores, a lo tactil y a lo visual. Tambien el sentir deseo sexual y placer.
Creatividad: capacidad de renovación aplicada a la propia vida, de vivir en un mundo en permanente cambio, colocando creatividad en cada acto.
Trascendencia: es ir más allá del ego, poder identificarnos con la totalidad cósmica, experimentar estados de expansión de conciencia.

Una clase regular de Biodanza consta de dos partes, una primera, donde los participantes ponen en palabras lo que vivieron, sintieron, en la(s) clase(s) anterior(es), siempre hablando en primera persona -donde nadie opina ni juzga- sólo observamos!.
Y la segunda parte, de las danzas propiamente dichas, donde ya no se habla para no interferir con el sentir. Aquí danzamos, cantamos, reimos, lloramos, bostezamos, suspiramos, todo menos hablar (pues activamos distintas áreas del cerebro).

El aula de Biodanza es un “laboratorio” donde practico la persona que quiero ser, en forma fácil y divertida. Y como  es absolutamente revolucionario, puedo copiar los movimientos de otro si son de mi agrado, y puedo parar cuando me canso o no tengo ganas de seguir.

Todo esto hace que este aprendizaje tenga consecuencias terapéuticas, si bien no es una terapia.

Vale aclarar que todas las personas pueden hacer Biodanza, desde niños (quienes tienen grupos específicos) hasta ancianos, no es necesario saber bailar.

Por Martina Garnero

Colaboración en esta nota: Gabriela Martínez -Profesora de Biodanza-