La esclerodermia es una enfermedad autoinmune, crónica e incurable, que afecta a la piel y los órganos del cuerpo. Puede presentarse de forma localizada, principalmente en la cara, en las manos o en los pies, o de forma sistémica, que se extiende a todas las partes del cuerpo, incluyendo los órganos.

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Se trata de una enfermedad rara, cuyo origen es todavía desconocido, de baja prevalencia y en su desarrollo se ve muy afectada por un funcionamiento anómalo del sistema inmunológico.

Puede manifestarse a cualquier edad, tanto en hombres como mujeres, pero generalmente se da en mujeres entre los 30 y 50 años.

Los principales síntomas de la esclerodermia son: engrosamiento y endurecimiento de la piel, dolor de las articulaciones, manchas en la piel, pérdida de peso, hipertensión, problemas digestivos, dificultad para respirar, entre otros.

¿Cómo se diagnostica la esclerodermia?

En primera instancia el médico debe diferenciar la esclerodermia de otras patologías que afecten a los tejidos, como el lupus eritematoso o la artritis reumatoidea. Para poder diferenciar bien los síntomas, deben realizarse una serie de pruebas y estudios que incluyen: revisión de la historia completa del paciente, análisis de anticuerpos y creatinina, análisis de la extensión de las afecciones cutáneas, esofagograma, electrocardiograma, ecocardiograma con doppler y radiografía de tórax.

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¿Cuál es su tratamiento?

No existe un tratamiento médico específico para la esclerodermia, el tratamiento es más bien sintomático y varía según el paciente. Las personas que padecen esclerodermia suelen tomar medicamentos para inferir en la producción de colágeno, sobre todo en los primeros años de la enfermedad y glucocorticoides en dosis bajas para que no haya una excesiva hinchazón. Se recomiendan, además, tratamientos inmunomoduladores que regulen el comportamiento del sistema inmunológico, con el fin de aliviar los síntomas producidos por esta enfermedad.

Es importante que la persona con esclerodermia se mantenga en permanente contacto con su médico especialista, para que haga un seguimiento de su tratamiento, lo varíe según sus condiciones físicas y efectúe estudios periódicos para la prevención de las enfermedades.

Parte del tratamiento es también psicológico, que pasa por la aceptación de la enfermedad, la conciencia de que cuanto más nos cuidemos mejor estaremos y la búsqueda de una red de apoyo en familia, amigos y otras personas con esclerodermia para afrontar cualquier problema o escollo social, laboral o físico.

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Asesoró: Dr. Ernesto Crescenti (MN: 50.776). Medico, investigador y Director del “Instituto de Inmunooncología Dr. Ernesto J.V. Crescenti”.

(Imagen de portada: Campaña Asociación Argentina de Esclerodermia y Raynaud)