Julia tiene Sida.

Seguramente sería más correcto decir que es portadora del VIH, pero casi toda la gente lo resume a que  Julia tiene sida.

Julia tiene sida pero no está enojada por eso.

Tampoco se siente asustada,  ni abandonada por su suerte a la mano de algún Dios todopoderoso.

Por Marcela Giménez.

aceptación

Julia tiene sida y sabe que va a morir. Pero no está aterrada.

“Qué tanto aspaviento, si tarde o temprano todos morimos”, dice. Yo sé que no está equivocada.

Cree en la reencarnación y dice haber llegado a esta vida enojada por el simple hecho de volver a vivir.

¿Quién le pregunto a ella si quería volver a nacer? -“Qué atropello más irreverente”.

Y entre risas y puteadas dice que no se lo esperaba, y que su mayor decepción al llegar fue encontrarse con esto que los mortales osamos llamar vida.

A pesar de sus dos matrimonios nunca quiso ser madre y, más adelante, el enfrentarse a su enfermedad le dio la fuerza que le faltaba para convencerse de que no estaba en su destino traer hijos al mundo.

La primera vez que hablamos de eso muy calma me dijo: “Marce, los árboles que no dan frutos tienen ramas fuertes para albergar nidos”, y nunca más tocamos el tema. No fue necesario.

Dice estar aburrida de esta existencia, agobiada y quizá sea cierto y seguramente el sentimiento sea ese  que ella describe, y en verdad se sienta desde siempre “con un pie afuera”.

Lee mucho, viaja en sus libros a vidas pasadas y existencias ancestrales, se pierde en sus estudios de astrología, intentando que este estar en la vida que le impusieron, que le tocó,  al menos aporte crecimiento espiritual a su alma y logre trascender alguna de sus “deudas karmicas”, como dice ella…

Julia me enseña a transitar el camino de la aceptación. No el de la resignación, el de la aceptación.

Porque hay cosas en la vida que uno no puede cambiar aunque quiera, y en esos casos dar pelea solo logra consumir la poca energía que nos queda.

“Aceptar libera”, dice, mientras con una sonrisa amable escucha mis penas de amor terrenal.

Aceptar nos da las armas para enfrentar las situaciones que sabemos que no se pueden cambiar y que así torcidas como vienen van a acompañarnos, muchas veces de por vida, dice, y yo intento incorporar lo que me enseña, tenerlo presente, aplicarlo en mi vida.

Agradezco su paciencia para conmigo, yo que me muevo a 220 y ella que es una especie de estándar de jazz que avanza suaveciiiiiito… divertida me mira ir y venir, me pide que respire, que me quede un poco quieta y que fluya…

Admiro su calma, respeto sus tiempos y agradezco profundamente el aprendizaje que me trae.