Vivimos en tiempos agitados que no nos dejan dar un respiro y contemplar el discurrir de la vida a nuestro alrededor. Posiblemente la expresión “dolce far niente” te sea conocida. Pero ¿te pusiste a pensar en llevarla a la práctica diaria?

Así comienza Bertrand Russell su “Elogio de la ociosidad”, un texto escrito…en 1932! Pero del cual aún podemos tomar numerosas ideas:

“Como casi toda mi generación, fui educado en el espíritu del refrán ‘La ociosidad es la madre de todos los vicios’. Niño profundamente virtuoso, creí todo cuanto me dijeron, y adquirí una conciencia que me ha hecho trabajar intensamente hasta el momento actual. Pero, aunque mi conciencia haya controlado mis actos, mis opiniones han experimentado una revolución. Creo que se ha trabajado demasiado en el mundo, que la creencia de que el trabajo es una virtud ha causado enormes daños y que lo que hay que predicar en los países industriales modernos es algo completamente distinto de lo que siempre se ha predicado”

Abundante información circula acerca del estrés y de sus efectos negativos. Y en un gran porcentaje la ciencia se ocupa de confirmarlo: una de las mayores fuentes generadoras de este mal actual es el exceso de trabajo, lo que nos lleva a una vida sedentaria, acompañada de una alimentación deficiente y cargada de una gran cuota de ansiedad. Sobre todo cuando hay una marcada sobreexigencia en nuestra rutina diaria.

¿Cómo revertir esta situación? ¿Cómo lograr no sentirnos asfixiadas de responsabilidades? No existe una respuesta unívoca, que sea fácilmente adaptable a cada una de nosotras. Pero sí podemos reflexionar juntas sobre la necesidad de “bajar un cambio” y disfrutar un poco más de la vida.

Russell recuerda el refrán acerca de lo negativo de la ociosidad. Pero también existe su contracara, la filosofía de antaño del Dolce far niente: el dulce no hacer nada.

¿Imposible? No tanto como suena: Organizando nuestro tiempo. Sin privarnos de lo elemental pero tampoco queriendo tenerlo “todo”. Armándonos una lista de prioridades y de objetivos próximos a cumplir. Y teniendo en claro, especialmente, que esta sociedad  consumista nos crea necesidades que muchas veces no son más que eso: necesidades inventadas, de las cuales podemos fácilmente prescindir, con un poco de juicio crítico y creatividad.

Darle lugar a la ociosa contemplación, filosofía de antaño, pero no por eso fuera de vigencia, nos llevará a vivir una vida más placentera. Donde el trabajo y el tiempo libre se alternen para lograr el equilibrio justo que siempre buscamos.

¡Es hora de empezar! ¿Nos siguen?

Por Rosario Spina