Antes de conocer Holanda, la única vivencia más cercana con este lugar fue viajar a la isla de Aruba, grandiosa y muy muy bella. Aruba junto con Curazao, Sint Maarten y Holanda forman el reino de los Países Bajos.

Pero vayamos alejándonos de América y sus radiantes islas caribeñas que ya tendrán su momento de expresión plena en otra nota.

Situémonos en Holanda. Casi como un reflejo, nombrar Holanda es pensar en Ámsterdam, su capital.  Una frase muy escuchada es que Ámsterdam tiene “más canales que Venecia, más cafés que Viena y más puentes que París”. Y yo agregaría que más ciclistas que en todo el mundo. 700.000 habitantes y 400.000 bicicletas. Un dato no menor si una llega desinformada. La cantidad y velocidad de los ciclistas te dejan asombrada. Y cuidado, a no cruzarse en las bicisendas que cubren casi toda la ciudad.

Es una realidad. Ámsterdam cuenta con todo eso. Y es tan bella como Venecia, París o Viena. Su encanto radica, podría decirse, en el espíritu que este lugar transmite apenas una llega y comienza a recorrerla.

Hay numerosos lugares para visitar en la “Venecia del norte” como la Plaza Dam, donde se encuentra el Palacio Real. Es el sitio en el cual se reunían los hippies de toda Europa en plena guerra de Vietnam. Y mucho tiempo antes, allí mismo, se dictaban las sentencias de asesinatos o brujerías, y el pueblo escuchaba el veredicto desde la explanada. En la actualidad se puede ver gente de todo el mundo recorriéndola o sentados tomando sol. A la derecha del Palacio está la gótica Iglesia Nueva. A la izquierda, el Museo de Cera de Madame Tussaud, con personajes de la historia del país.

El Barrio Rojo es otro sitio muy pintoresco y uno de los más visitados por los turistas. Desde 1911, la prostitución está legalizada en los Países Bajos, por ello en este barrio pueden verse prostitutas exhibiéndose en vitrinas. Tal como si fueran mercancía en venta. No sucede lo mismo con los varones. Así que si las mujeres van con idea de diversión sexual, deberán acudir a uno de los clubes nocturnos que existen en la ciudad. Además de esto, el Barrio Rojo es un sitio plagado de sex shops, tiendas de souvenirs y coffeeshops (bares en los cuales se puede adquirir  y consumir marihuana,  hachís o peyote, los cuales figuran en la carta, junto con algunas bebidas sin alcohol)

Recorrer el Barrio Rojo de día es súper recomendable. Es un lugar seguro y muy agradable. Eso sí, abstenerse de sacar fotos a las prostitutas demasiado cerca de las vitrinas, ya que legalmente no está prohibido pero las normas no escritas dicen lo contrario.  Además, es uno de los barrios más viejos de la ciudad. Existe aproximadamente desde el año 1200. Eso deja ver que aparte de la nota característica de las prostitutas en escaparates, es un lugar muy bello para recorrerlo a pie y observar las construcciones y el atractivo canal.

Ámsterdam. Ciudad cosmopolita

Ámsterdam es una ciudad que hace culto a la diversidad. Por ello hay gran variedad de entretenimientos, para diferentes gustos e intereses. Otros de los lugares imperdibles son el Museo Van Gogh y el Rijksmuseum (que nace de la mano de Luis Bonaparte, hermano de Napoleón). Esta ciudad cuenta con 40 museos, la mayor cantidad por metros cuadrados del mundo. Es de esperar que, si nos gustan esta clase de paseos, podamos al menos visitar algunos en nuestro viaje.

En el antiguo barrio judío de la zona oeste se encuentra la casa de Ana Frank. En ella podemos ver plasmada una parte de la historia de esta niña judío-alemana que escribe un diario donde deja cuenta de los terribles dos años y medio que pasó encerrada en el sótano de esa casa junto con sus padres, ocultándose de los nazis. En caso de querer entrar para conocer el sitio es fundamental ir muy temprano  o a la tardecita, ya que las colas para ingresar son siempre muy extensas.

Y si nos cansamos de caminar, una buena opción es descansar sin perder tiempo: subirse a una lancha y recorrer los canales con audio guías. Estos paseos tienen un encanto singular. En una parte del recorrido pueden verse casas flotantes. Los hippies fueron los primeros en vivir en estas particulares viviendas. Actualmente, centenares de personas viven en ellas. Y no son precisamente de clase baja, como podría creerse.

Pero más allá de estos datos, lo fundamental de Ámsterdam, y que una debe tratar de percibir y disfrutar, es su calidad y estilo de vida. Tremendamente relajado. Y sobre todo despojado de prejuicios.  Un lugar donde no se rinde culto al consumismo. Y el que tiene un tanto más, no hace cuadros de exhibición con ello. Un lugar que es plenamente consciente de su encanto y deja verlo desde el primer momento en que ponemos nuestros pies en él.

Liberación, relax, deporte, cultura, buena vida, en la medida que cada una quiera. Así es Ámsterdam.

Por Rosario Spina

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