‘Una moda que piensa’ es el concepto fundacional de un movimiento, que deviene de Roma en  los ‘90 y resurge por primera vez en Rosario, en un evento cultural y federal organizado por iniciativa conjunta del Museo de Arte Decorativo Estevez de Rosario, de la Alianza Francesa en Argentina, y de la publicación profesional Revista Fibra.

Por Carina Labruna || Avanguardia Imagen (avanguardiaimagen@hotmail.com)

SLOW MODA

En Slow Moda se debatió y se pusieron en tela de juicio muchos (pre) conceptos que tienen que ver no solo con la moda sino con todos los procesos que son parte de ella: patrimonio cultural, creación local y auténtica y sociología del vestir. También se pudo participar de un workshop sobre identidad creativa, comunicación y comportamientos de consumo en Argentina. Entre los conferencistas invitados estuvieron Susana Saulquin (socióloga), Martín Churba (diseñador), Miguel Angel Gardetti (director Centro de Estudios para el Lujo Sustentable), Pilar Calegari (Estudio Creativo FBDI ) y  María Laura Carrascal (periodista y docente UNR).

¿Por qué pensar la moda?

Cuando pensamos en referentes del mundo de la moda es inevitable que resuenen franceses entre sus máximos exponentes y Marie Caroline Magnien, directora de la revista FIBRA,  no es la excepción. La joven socióloga e impulsora de este movimiento, radicada en Buenos Aires, expresa apasionadamente en tono francoespañol que “el propósito de Slow Moda es obrar y darle espacio a esta moda ecosustentable, para que pudiera existir e ir más allá de un desfile. Obrar para que haya más conciencia de nuestro consumo.” La idea de una moda lenta introduce una reflexión sobre los impactos sociales y ambientales de la moda, desde la creación hasta la producción final de nuestras prendas.

¿Norte que mira al Sur?

Estamos acostumbrados a ver tendencias que vienen de las industrias y pasarelas europeas y muy poco se habla de las artesanías locales. Pero parece que hay un nuevo paradigma donde el norte mira al sur. “Está de vuelta el saber hacer que se conservó, ya que al ser países en desarrollo, la moda no pudo expandirse”, reflexionó la organizadora.

Para Magnien esto hace que el arte quede muy cerca de la artesanía todavía. Los países en desarrollo supieron conservar el saber hacer, ese carácter artesanal, mientras que en los desarrollados han dividido tanto las funciones, que quien dibuja no cose, y viceversa. Hay una característica propia de los sudamericanos que Caroline destaca: “Cuando  dibujan ya están pensando en cómo lo van a hacer, mientras que esa frontera en el norte no está tan delimitada.’’

Respecto a ello, Francia anunció una inversión de 50 millones de euros sobre el sector moda francés y el internacional, poniendo especial énfasis en el saber hacer y el modelismo. Se creó un observatorio de tendencias de la industria textil donde envían expertos franceses a observar la manufactura sudamericana.

Es una manera de estar más cerca del arte, y la moda tiene una función social. Según Marie, dentro de los sectores que generan mucho dinero, la moda es lo bello, el romanticismo, un rechazo a lo feo que sucede en el resto del mundo. La moda está saliendo del rótulo superficial para volverse a encontrar con lo que le pasa a la gente.

Las marcas se vuelven a encontrar con ellas mismas, cuestionandose quienes son, cuáles eran sus políticas fundacionales.

¿Por qué Rosario?

La propuesta es hacer un evento federal, por ello pensaron n “abrir otro espacio fuera de los monopolios, fuera de Buenos Aires. Hay un doble discurso: por un lado la RSE y dar más libertad al diseño; por otro, la alta costura ya dejó de estar en el monopolio del norte, es una forma de decir que la alta costura también está en el sur.”

Los organizadores explican que eligieron Rosario porque es una poderosa fuente de creación. La próxima edición es en Córdoba. La idea es que el evento sea nómade y se vaya replicando en distintos lugares latinomaricanos.

El desfile y el ganador

Con la idea de reforzar la visibilidad de la identidad creativa argentina sobre el escenario de la moda internacional, el jurado Slow Moda 2015 evaluó cada una de las colecciones, teniendo en cuenta el excelente nivel de confección y costura, la « inteligencia slow » y el confort de los textiles elegidos (que sean nobles, renovables y propios de la región) y la funcionalidad e innovación del diseño amigable, adaptado a un cuerpo en movimiento. Cinco fueron los finalistas: Jessica Pullo, Emilia Velasco, Clara Rosa, Kalu Gryb y Mauro Pessoa, quien resultó ganador.