La base es lo elemental de todo buen maquillaje. Unifica el color de la piel, corrige imperfecciones y ayuda a que tenga un aspecto terso. Sin dudas, es la mejor aliada para conseguir el rostro que deseamos.

El objetivo es lograr un efecto natural, y para esto la elección correcta es primordial. Pero a partir de la cantidad de productos que se encuentran hoy en día en el mercado, y ante la dificultad que significa encontrar la indicada, decidimos hacer una breve guía para ayudarte a que la tuya se adapte de la mejor forma a tu piel, consiguiendo un maquillaje perfecto.

Ailén Contarde, Cosmetóloga y Maquilladora Social, nos asesora:

Para comenzar, es necesario determinar nuestro tipo de piel:

Grasa: Con tendencia al acné y al brillo facial.

Normal: Equilibrada, sin exceso de oleosidad ni de resequedad.

Mixta: Es aquella más común de encontrar. Una forma de diferenciarla es cuando presenta mayor oleosidad en la zona T (frente, nariz y mentón), y el resto es normal o seco.

Piel seca: Con tendencia a la pérdida de agua, se siente áspera al tacto.

 

Teniendo presente lo anterior, debemos distinguir las diferentes texturas que pueden poseer las bases, así como sus usos y recomendaciones. Esto permitirá optar por una u otra de acuerdo a tu necesidad y tipo de piel.

Existen tres tipos básicos:

Base de maquillaje líquida o fluida

Da un resultado muy natural por su ligereza a la hora de aplicar. Su cobertura es media, y puede ser aplicada en cualquier  tipo de piel,  ya que podemos conseguir desde aquellas que tienen propiedades humectantes en caso de resequedad, hasta sin aceites (oil free) para pieles más bien mixtas o grasas.

Base de maquillaje crema

Su cobertura es total. Tiene un alto contenido humectante, por lo que se recomienda para  pieles secas. Viene presentada de diferentes maneras, por ejemplo en barra o compacta. Otro uso que se le suele dar es como corrector.

Base de maquillaje polvo

Puede ser suelta o compacta. Es excelente para aquellas mujeres de piel grasa. Hay que tener en cuenta que no es muy cubritiva, por lo que generalmente se la recomienda para un maquillaje ligero, o bien como fijador luego de colocar otra base, para un acabado aterciopelado. Es asimismo ideal para ambientes húmedos.

 

El tono de la base es otra cuestión a tener en cuenta. Debe fundirse muy  bien con tu piel, para esto se lo puede probar en el interior de la muñeca. El error más común al elegir el tono, es comprarlo más oscuro, esto en vez de favorecer,  hace que la apariencia sea poco natural. Siempre es preferible un tono menor en referencia a tu piel, a que sea más oscuro.

 

Antes de colocar la base, algo fundamental es que la piel esté limpia, no olvides nunca los pasos de limpieza previos a maquillarte. Limpiar, exfoliar,  tonificar e hidratar, lleva sólo un par de minutos y prepara nuestra piel para un maquillaje mejor acabado.

 

Para aplicarla comenzá con el corrector (ya sea de ojeras u otras imperfecciones como granitos, manchas o cicatrices), y  luego distribuí la base de manera uniforme por todo el rostro, evitando colocar una capa espesa. Para finalizar se recomienda el uso de un polvo traslúcido para impedir brillos y fijar la base.

 

Otros consejos:

-Utilizar una buena luz a la hora de maquillarnos. Esto evitará colocar más producto del necesario.

-Adquirir siempre bases con protección solar.

Por Martina Garnero

Colaboración Ailén Contarde-Cosmetóloga y Maquilladora Social-

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